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No es definitivo, pero los restos de la embarcación que se fue a pique
en la costa de Xove (Lugo) hace unos quinientos años continuarán en el fondo
del mar, protegidos, como hasta ahora, por el túmulo de arena formado
en los años posteriores al hundimiento.
A la espera de analizar con detalle el informe preliminar del equipo de
arqueólogos contratado para valorar el hallazgo, la Consellería de
Cultura opta inicialmente por dejar el pecio tal cual está, sin excavar.
Eso sí, el lugar será uno de los que se incluirán en el inventario de
pecios de la costa gallega, ya en fase de elaboración. Los vestigios
localizados serán inventariados y señalizados, explicaron fuentes de
Cultura. Solo en caso de detectarse riesgo de pérdida o de destrucción
de alguna de las piezas que se encuentran en el fondo marino, se
valoraría la posibilidad de extraerla, para intentar conservarla.
Datados entre finales del siglo XV y principios del XVI, los restos han
llegado hasta nuestros días porque han estado resguardados por arena
que fue cubriéndolos y apelmazándose. Recuperarlos del fondo marino
entraña un importante peligro para su conservación, porque al contacto
con el aire su deterioro se acelera hasta el punto de que podrían
perderse para siempre. Evitarlo requiere de un complejo y prolongado
proceso de tratamiento, para impedir que el cambio de atmósfera los
destruya.
Piezas recuperadas
Es una de las razones esgrimidas por Cultura para decidir que continúen
en el mar. No la única, porque el elevado coste de la excavación y de
la extracción también ha influido en el acuerdo inicial adoptado por
los técnicos de Patrimonio de la Xunta, añadieron las fuentes de ese
departamento consultadas.
Por azar, una draga que retiraba lodos en la ensenada de A Coba, en el
entorno de la playa de Lago, extrajo tres piezas de artillería (el
servidor de una bombarda, un falconete de de hierro y la cureña de una
ballesta), así como ocho piezas de una vajilla de cuatro tamaños
diferentes y una de pie, estilizada, que todavía conserva la tapa.
Todos están siendo tratados en el Museo do Mar de Vigo, donde cuentan
con los equipos necesarios para procurar que el contacto con el aire no
los destruya.
Cultura todavía no ha adoptado ninguna decisión acerca del lugar donde
serán expuestos, una vez concluya el proceso de recuperación.
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