| Peligros un buque encallado en el Cantábrico |
| lunes, 07 de abril de 2008 | |
Las imágenes publicadas ayer de varios particulares
cargando con cables, piezas de metal y otros efectos rescatados de las
entrañas del Maro, el buque que el mes pasado encalló en las rocas de
Jaizkibel, ha propiciado un llamamiento para que los ciudadanos no se acerquen «porque entraña muchos riesgos y es muy peligroso».
Desde la autoridad marítima también han recordado que está prohibido llegar hasta el buque, a excepción del personal debidamente autorizado para ello. De hecho, esta personas han tenido en ocasiones muchas dificultades para acceder a los restos de la embarcación.
Mientras tanto, ayer continuaron con las labores de retirada y limpieza de los elementos contaminantes del buque, informaron fuentes de la Subdelegación del Gobierno. La empresa vizcaína B.A.M, que ofrece servicios especializados en casos de hundimiento, embarrancamientos o emergencias marítimas, entre otros, se está haciendo cargo de estas tareas, que en ocasiones se han visto dificultadas por culpa de la adversa meteorología que ha caracterizado la última quincena.
Operarios de la compañía, con sede en Santurtzi, trabajaron durante la mañana de ayer en las tareas de limpieza y recogida de elementos contaminantes. Pequeños trozos de chapa o pintura son algunos de los materiales que están siendo retirados, así como plásticos, revestimientos y cualquier tipo de elemento potencialmente perjudiciales para el medio marino. Algunas tareas que están acometiendo en el interior del buque resultan muy complejas y obligan a los operarios a realizar trabajos en vertical.
Ayer por la tarde se pudo ver a varios buceadores sumergirse en la cala Turrulla, donde incomprensiblemente embarrancó este barco de la armadora estonia United Marine Management hace justo un mes. Apoyados por una lancha, los buzos inspeccionaron el lugar para aportar más datos sobre la situación real de los restos de la embarcación, que tras encallar y debido al fuerte oleaje, se partió en tres. Días después, el mar acabó engullendo buena parte del carguero, de 96 metros de eslora, y que en el momento del accidente se dirigía desde Bayona a Pasajes para cargar perfiles de acero. En las rocas ya sólo quedan el castillo de proa y el puente.
Las inmersiones de los buzos fueron seguidas por algunos curiosos que, animados por el buen tiempo, continúan visitando el lugar, aunque con menos expectación que los días posteriores del naufragio, registrado por causas que oficialmente aún no han sido desveladas. No obstante, se sospecha que en el momento del siniestro el barco era guiado por el piloto automático y que la tripulación no se dio cuenta de que se dirigían hacia las rocas.
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